
La conferencia estuvo dedicada a jóvenes y adultos, en su mayoría estudiantes de diseño, arquitectura y programación, áreas donde la creatividad no es solo una habilidad, sino un modo de estar en el mundo.
Pero ¿qué es realmente la creatividad? ¿Se limita a producir diseños, objetos o ideas? ¿O también atraviesa la manera en que respondemos a lo que vivimos día a día?
La creatividad no es únicamente arte: es la capacidad humana de generar respuestas nuevas frente a entornos complejos. Desde una mirada sistémica, incluso en el terreno de la salud mental, cada síntoma o conducta puede entenderse como un intento adaptativo dentro del sistema donde la persona habita.
Pensemos, por ejemplo, en la ansiedad o la depresión. Durante mucho tiempo se creyó que los trastornos “venían de adentro”, como si fueran fallas individuales. Como si la persona estuviera rota y hubiera que repararla. Hoy sabemos que muchas veces el problema no está en quien se desajusta, sino en el entorno que exige adaptación sin ofrecer cuidado, el contexto (familiar, social, económico, cultural) cumple un papel decisivo.
Por eso podemos mirar ciertos malestares como actos creativos de resistencia frente a un tipo de maltrato que se ha normalizado.
“Si los seres humanos se encuentran en un contexto de vital importancia en el cual las normas usuales de comunicación resultan inadecuadas, se produce una situación de confusión, sufrimiento y desajuste (doble vinculo). Si, no obstante ello, una persona puede sobrevivir y enfrentar esa situación, su creatividad puede verse acrecentada. “
(Wynne, 1976)
En la conferencia analizamos los mundos de varios personajes, artistas como Leonora Carrington y personajes de anime: no sus “locuras”, sino los sistemas que los formaron. Y al mirar sus historias sin filtros, quedó claro algo incómodo: a veces la creatividad más poderosa nace cuando alguien decide dejar de sostener un guion que le hace daño.

Si los entornos pueden herir, también podemos construir entornos que nutran. Relaciones donde haya escucha, claridad, límites justos y cuidado mutuo. Espacios que no exijan perfección, sino presencia.
Porque cuando las personas encuentran vínculos seguros, su creatividad deja de ser un mecanismo de supervivencia… y se convierte en una fuerza de expansión.
